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Camelina sativa: más de una década de investigación en el IMIDRA para impulsar la bioeconomía en los secanos mediterráneos
La camelina es un cultivo de bajo riesgo agronómico, especialmente adecuado para explotaciones donde la disponibilidad de agua constituye el principal factor limitante
17 08 2026
La camelina (Camelina sativa (L.) Crantz) ha pasado en pocos años de ser un cultivo emergente para la producción de biocombustibles a convertirse en una alternativa estratégica para la bioeconomía circular. Durante más de una década, el IMIDRA ha desarrollado diversas líneas de investigación orientadas a evaluar su adaptación a los secanos mediterráneos, optimizar su manejo agronómico, valorizar integralmente su biomasa, estudiar su diversidad genética e incorporarla a sistemas de cultivo mixto con leguminosas. Los resultados obtenidos confirman el elevado potencial de la especie para diversificar las rotaciones, reducir el uso de insumos y contribuir a una agricultura más resiliente y sostenible.
Esta oleaginosa de la familia Brassicaceae cultivada históricamente en Europa que ha despertado un renovado interés por su rusticidad, su adaptación a ambientes semiáridos y la elevada calidad de su aceite. Estas características la convierten en una alternativa de interés para la producción sostenible de piensos animales, productos cosméticos e industriales y biocombustibles.
Además del interés por la obtención del aceite, la biomasa de la camelina se puede aprovechar de forma prácticamente integral: el aceite constituye una materia prima de alto valor para las industrias alimentaria, farmacéutica y energética. Las tortas resultantes de la extracción son aptas para alimentación animal y tanto las vainas como la paja pueden destinarse a la obtención de biomasa y energía. Esta versatilidad sitúa a la especie entre los cultivos más prometedores para el desarrollo de modelos de bioeconomía circular.
Los resultados iniciales del IMIDRA pusieron de manifiesto que la camelina reunía un conjunto de características especialmente favorables para las condiciones mediterráneas: elevada tolerancia a la sequía, buena adaptación a suelos de fertilidad media, bajos requerimientos de fertilización y un perfil lipídico de gran interés para usos energéticos e industriales.
A partir de 2015, la investigación evolucionó hacia un enfoque más amplio, incorporando aspectos relacionados con el rendimiento agronómico, la fertilización, la competencia con las malas hierbas y la adaptación del cultivo a los secanos del centro peninsular. Este cambio permitió considerar la camelina no sólo como una fuente de aceite, sino como un nuevo componente de los sistemas agrícolas mediterráneos.
Estudios posteriores han servido para mostrar que la elevada concentración de lignina de los tallos proporciona una biomasa con un importante poder calorífico, adecuada para la fabricación de pellets y otros biocombustibles sólidos. De forma similar, las tortas obtenidas tras la extracción del aceite y las vainas demostraron su interés para alimentación animal, mientras que los restos vegetales pueden reincorporarse al suelo como enmienda orgánica, favoreciendo el mantenimiento de la fertilidad y el secuestro de carbono.
La experiencia acumulada sitúa a la camelina como una alternativa real para diversificar la agricultura mediterránea y evidencia la importancia de desarrollar programas de investigación multidisciplinares que integren agronomía, agricultura de precisión, genética, fisiología vegetal y valorización industrial. En un contexto marcado por el cambio climático y la transición hacia modelos de producción más sostenibles, la camelina se perfila como uno de los cultivos con mayor proyección para los secanos mediterráneos.